Compartir su voz: Una conversación con Néstor Gómez

Hace poco nos sentamos con Néstor Gómez, cuarenta veces ganador del Moth Grand Slam, y conductor del podcast de historias, 80 Minutes Around the World.  

Néstor, que antes tartamudeaba, proviene de Guatemala y encontró su voz después de migrar a Chicago, entrar al bachillerato, y aprender a moverse dentro de una nueva cultura. Actualmente usa su plataforma para animar a otros a contar sus historias. 

“Cada lugar, cada persona y cada cosa me inspira una historia o poema distinto,” dice. 

Esta entrevista ha sido traducida por Pilar Espitia y ligeramente editada para que sea más clara.

El viaje al norte

Mi niñez fue una muy dura. Yo fui el segundo de cuatro hermanos. De hecho, el segundo de seis. Dos de mis hermanos murieron cuando eran muy jóvenes. Éramos pobres y mi familia hacía muñecas quitapenas guatemaltecas que vendíamos en el aeropuerto o en tiendas turísticas. 

Un montón de mis tíos y tías vivían en la misma casa, así que hacíamos las muñecas quitapenas para tener algo de dinero. Mi madre estaba en Estados Unidos y nos mandaba dinero. 

Yo tenía quince años [cuando migré a los Estados Unidos]. Vine con mi hermano del medio, hermana y otro hermano. Mi abuela antes vivía aquí [en los Estados Unidos], pero no podía encontrar un trabajo, entonces volvió a Guatemala. 

Cuando Guatemala estaba en medio de la guerra civil, a mitad de la década de los ochenta, los turistas dejaron de venir [al país] y no podíamos vender las muñecas quitapenas. De modo que también teníamos algunos problemas económicos que nos llevaron a hacer el viaje [a los Estados Unidos].

[El viaje] fue largo y peligroso. Cuento la historia [sobre el viaje] aquí: 

Compartir su voz

Cuando era niño en Guatemala, yo tartamudeaba. Había unatienda y había un mostrador donde tenía que pedir cosas como leche. Mi familia era muy pobre como para mandarme a terapia del lenguaje. Mi padre me mandaba a la tienda por las cosas que necesitábamos. Básicamente, esa fue mi terapia. 

Escribir era la única forma en la que podía comunicarme bien. Entonces, escribí poesía desde una edad temprana, y no fue hasta después que finalmente dejé de tartamudear. 

Volví a tartamudear en Estados Unidos, por el cambio de cultura y el nuevo idioma. Fui tímido durante mi primer año de bachillerato. Cuando terminé el bachillerato, estaba casado y tenía un hijo en camino. Fui forzado a hablar para poder conseguir un trabajo y pagar los gastos de mi familia. 

Luego, hace cinco años, fui a The Moth. 

Para mi primer Moth, escribí una historia de acuerdo al tema pedido y fui con mi novia de entonces. Puse mi nombre en el sombrero, pero casi lo saco tres veces. La primera persona contó su historia y recuerdo que le dije a mi novia, “son muy buenos.” Quería sacar mi nombre, pero mi novia no me dejaba. 

¡Gané el concurso esa noche! Pero lo que no sabía es que ganar implicaba participar en el Grand Slam, en frente de un público más grande. 

Ni siquiera me daba cuenta que contaba historias de inmigración. Mi primera historia fue sobre mi primer día en Chicago, cuando hablé con un mexicano y ambos hablábamos español, pero no nos entendíamos bien porque usábamos palabras distintas. 

He estado [en The Moth] entre 60 a 100 veces y he ganado casi 40 veces.

Animar a otros a que compartan su voz 

Nuestro programa [80 Minutes Around the World] ofrece historias de inmigrantes, refugiados, sus descendientes y aliados, como una forma de combatir la retórica anti-inmigrante y racista del actual gobierno. 

Nuestra meta es educar e informar a una audiencia más amplia sobre las diferentes razones, luchas y realidades de la experiencia de los inmigrantes. 

Quiero que la gente sepa que los inmigrantes no son criminales, violadores o vendedores de droga, como algunas personas en el mundo piensan. En el programa no tratamos de cambiar la opinión de nadie, sino contar las historias de las personas. 

Mucha gente piensa que [la inmigración] es una elección, pero cuando una casa se incendia, o te sales o te quemas. La gente escapa guerras civiles, situaciones económicas difíciles, no poder amar a quienes aman o ser quienes son en sus países. 

Soy bendecido y estoy muy agradecido. Hacer mi propio programa me ha permitido compartir mis historias y darle una plataforma a otros. Cuando vine [a los Estados Unidos] no tenía una voz. Tartamudéaba, entonces no tenía una voz. Era indocumentado, entonces no tenía una voz. No hablaba inglés, entonces no tenía una voz. 

Es una bendición y un honor poder usar mi plataforma de esta manera.